MENTIMOS CON DISTINTOS PAPELES, METÁLICOS O DE CELOFÁN.
Es un regalo lingüístico cuidadosamente envuelto: metáfora dulce a quien la recibe.
Nunca olvidamos ese obsequio, o si lo hacemos quien lo recibió nos lo recuerda. Resuena tanto como el insulto, como la agitación de las alas de un ganso que se siente en peligro. Es más sencillo recordarlo más que esos versos supuestamente buenos relucientes porque tienen acceso al cuerpo, se sienten, irritan.
